DE LINAJE DE GUERRERAS A MUJER LIBRE, DEDICADA A ACOMPAÑARTE A VOLVER A TI
Vengo de un linaje de mujeres con un corazón enorme.
Mujeres amables,
sensibles,
generosas,
alegres,
entregadas a los suyos.
Mujeres que aman con el alma, pero que también, por falta de amor propio, respeto y confianza en ellas mismas, aceptaron menos de lo que merecían.
Callaron.
No se dieron su lugar.
Vivieron muy pendientes del “qué dirán”.
Esperaban recibir ese amor, respeto y valoración que ellas mismas no se daban.
Yo observé primero esta situación en casa, desde pequeña: en silencio, con lágrimas, tristeza y rabia.
Con los años entendí que no era algo puntual, sino un patrón de mi linaje femenino.
De ellas heredé un corazón enorme… y el olvido de mí misma.
"El traje de guerrera"
Sin darme cuenta, todo eso hizo que mi yo-adolescente construyera una armadura.
Un traje de guerrera.
Una guerrera que no se callaba, que se hacía escuchar.
Que se daba su lugar a capa y espada.
Desarrollé el arte de camuflar mi sensibilidad.
De esconder mis emociones más vulnerables para no mostrar ninguna señal de debilidad.
Me creí fuerte porque no me dejaba pisotear.
Pero seguía repitiendo la misma historia:
no confiar en mí, no respetarme, no sentirme suficiente.
El patrón seguía vivo. Solo había cambiado de forma.
Se reflejaba en cómo me hablaba,
en la relación con mi cuerpo,
en los atracones de comida para calmarme aunque después me sentía peor,
en el autosabotaje durante los primeros años de mi carrera en Alemania,
en el agotamiento mental por mis alta autoexigencia,
en cómo me paralizaba al emprender; en el miedo a mostrarme en redes, en las decisiones que postergaba por temor a equivocarme.
Incluso en la vergüenza que sentía en la intimidad y al abrirme emocionalmente con mi pareja.
“Con el tiempo entendí que no era solo mi historia.
Era la historia de muchas mujeres que confundimos fortaleza con dureza, independencia con desconexión, éxito con agotamiento.”
En el camino de encontrarme a mi misma...
Me certifiqué como Coach de vida con la intención de ayudar a otras mujeres a elevar su confianza, su amor propio y vivir con plenitud.
Pero, en realidad, a quien estaba ayudando verdaderamente era a mí misma.
El coaching me permitió entender mucho sobre mí, pero algo me faltaba.
Sabía muchas cosas, pero no lograba sentirlas.
No sentía una verdadera transformación.
El viaje hacia dentro
El cambio profundo llegó cuando entendí que no basta con analizar y reflexionar,
sino cuando integras mente, cuerpo, emociones y energía.
Solo así piensas, sientes y actúas diferente.
Esa curiosidad y hambre por más me llevó a especializarme en Programación Neurolingüística, y ahí descubrí cómo hacer cambios a nivel subconsciente.
El breathwork, la meditación, el mindfulness, la neurociencia y otras herramientas que fui incorporando se convirtieron en mis aliadas.
Pero fue al adentrarme en mi Mapa Corporal —una práctica donde el cuerpo me mostró lo que la mente no lograba resolver—
cuando mi conocimiento se convirtió en verdadera sabiduría.
Volví a mí.
Y desde ahí comencé a transformarme.
A sentirme cada vez más yo: más auténtica, más libre, más segura.
Hoy
Hoy entiendo que no llegué a este camino por no saber a qué dedicarme.
Comenzó mucho antes: el día en que mi alma eligió nacer un 8 de marzo,
en esta familia, con esta historia.
Para crecer a través de mis propias experiencias.
Para la evolución de mi alma.
Y convertir todo en medicina para otras mujeres.
Hoy acompaño a mujeres que, como yo, buscan conectar consigo mismas.
Mujeres que quieren dejar de exigirse para empezar a sentirse.
Que anhelan volver a su esencia, confiar en ellas mismas y vivir en coherencia con lo que son:
Esa mujer salvaje que habita en ti.
Esa mujer no-domesticada y libre.
Esa que sabe quién es,
y se guía por la fuerza de su intuición.
Y si estás lista para recordarla…
quédate. Aquí comienza tu regreso a ti.
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Y si te sentiste identificada, bienvenida. Aquí empieza tu regreso a ti.
Te abrazo,